
En septiembre, cuando comenzaba la primavera, el parque llegaba al pueblo.
Era un parque grande e itinerante. Visitaba el pueblo dos veces al año y el acontecimiento era festejado por todos los niños de la zona.
Dora esperaba impaciente ese momento...lo esperaba todo el año. Su estancia en la casa del pueblo sólo coincidía una vez con el parque por eso, su expectación era máxima.
Los días previos Dora soñaba con el instante en que subiría a su atracción favorita "la sillita voladora".
Un domingo, por fin llegó el momento tan ansiado.
Dora sabía que llegaría ese día y no otro, y tenía asegurada su presencia. Se había portado bien toda la semana, se había preparado su ropa para salir y sólo era cuestión de fijar la hora. Por suerte a media mañana, su tía decidió llevarla.
En cuanto llegó a la zona del parque, comenzaron a brillarle los ojos de alegría. Tiró de la mano de su tía y la arrastró hasta las sillitas voladoras.
Delante de la atracción, se quedó con la boca abierta viendo volar las sillas.
Ella fantaseaba y decía que eso era una danza...la danza de las sillitas!.
Durante largo rato se quedó observando, hasta que por fin se decidió a subir.
Eligió cuidadosamente la silla perfecta. Una vez elegida, le indicó a su tía que la subiera. El encargado de la atracción le enganchó la cadena de seguridad. Le preguntó si estaba bien y ella, sonrío.
Unos segundos después, la atracción comenzó a moverse. En ese mismo instante, ella se aferró a las cadenas laterales y comenzó a sonreír.
Cuando la atracción cogió velocidad y ella comenzó a volar, cerró los ojos y dejó que el aire le golpeara la cara.
Reía a carcajadas, por momentos abría los ojos y del susto, volvía a cerrarlos.
Realmente a Dora le daban miedo las alturas pero disfrutaba tanto sintiéndose volar que valía la pena el sufrimiento.
Se le despeinaba su flequillo, se le subía la falda, pero ella, era feliz.
Miraba hacia atrás para ver quien volaba detrás de ella. Miraba hacia adelante para ver si el otro niño, también estaba disfrutando tanto como ella.
Ese era el único momento en el que realmente, se sentía libre. Mientras Dora volaba no existía, ni tiempo ni espacio.
Varios años después y cuando la pena le había invadido demasiado el alma, Dora recordó aquellas sensaciones como las únicas en las que había sido feliz.
En ese momento, salió al balcón y cerró los ojos.
Nota aclaratoria:
Una vez leídos los primeros comentarios tengo que aclarar:
1.- Esto es un cuento.
2.- Hace referencia a la nostalgia.
3.- Dora no se suicidó. Sólo salío a fumar a la terraza y cerró los ojos.
4.- Yo no soy Dora...aunque sí me gustaban las sillitas voladoras.





