Cuando empiezo a tener hambre...eso significa una cosa: tengo hambre.
Ayer me dije...vale...ya está bien de beber jugos, líquidos, agua y todo eso que elimino rápida y educadamente. Tengo que comer algo sólido.
Mi cuerpo sigue teniendo vida propia, independientemente de lo que decida hacer con el, mi aparato digestivo tiene sus orgías montadas a mis espaldas...bueno...dentro mio.
Hay ruidos, movimientos, hinchazones y cosas raras pero yo, he decidido ignorar a mi abdomen y mirarlo poco y sólo de reojo...cuando paso delante del espejo.
Pero mis intenciones no sirven de nada, por más que no lo mire, mi abdomen actúa como si tuviera dentro a un grupo latinoamericano compuesto de 5 integrantes...4 de ellos...usando...instrumentos de viento.
Si estuviera embarazada (que NO) entendería todos estos movimientos, además en lugar de llamarlo aires o más popularmente..."gases" podría ponerle nombres como Lola, Lulú, Juan y así, sentiría que como mínimo, tenemos una relación un poco más personalizada.
Pero los gases de donde vienen...de mi respiración? Si no he comido en días...sólo estoy a base de agua y jugos varios...el agua provocará gases?
El famoso H20 o sea el agua, está compuesta de dos átomos del hidrógeno y de un átomo de oxígeno. El oxígeno me produce gases?. O sea, no debería tomar agua?
O tal vez debería tener la boca cerrada, así no me entra nada que mi estómago registre como "material para gasificar...vamos transformarlo en gas".
Pero bueno, yo tenía hambre así que yo pensé...de perdidos al río y me fui a hacer la compra.
Cual embarazada (NO LO ESTOY) cuando bajé al mercado y olí a carnes se me revolvieron las tripas. No me apetecía ni carne de vaca, ni de pollo, ni siquiera pescado.
Sólo quería verduras. Pero no cualquiera, tampoco me apetecían mis deliciosas ensaladas...sólo quería patatas y zanahorias. Y frutas? Pues sí...manzanas.
Digamos que no he hecho mi compra habitual, he comprado lo que mi estómago deseaba.
Caminando hacia el mercado cometí el primer desfase gástrico de la semana (bueno el segundo) y me fui a desayunar mi café con leche, mi barrita con aceite y tomate.
Me sentó bien, pero mis tripas enloquecieron.
Luego, llegué a la verdulería, compré mis cosas y mi cuerpo me decía...venga...vámonos para casa ya. Y le hice caso.
Llegué, subí varios pisos porque no hay ascensor y una vez en la puerta de mi casa, dejo las bolsas en el suelo, busco las llaves y....nada.
No estaban. Reviso un bolsillo. Nada. Reviso los otros 5 y nada. Miro en las bolsas de la verdura por si se me habían caído dentro...nada.
Y me senté en la escalera a pensar. En ese instante, mi intestino me recordó que había tomado un café con leche, con barrita y claro...el no quería mantener nada dentro de sí mismo. Y mucho menos algo que no esperaba.
La situación comenzaba a ser preocupante. Estaba desorientada, dormida, cansada y a punto de recordar los momentos cuando era bebé y usaba pañales y no tenía que preocuparme por buscar un lavabo de urgencias porque para eso estaba mi pañal.
Pero claro, yo NO tengo edad para eso.
Ayer me dije...vale...ya está bien de beber jugos, líquidos, agua y todo eso que elimino rápida y educadamente. Tengo que comer algo sólido.
Mi cuerpo sigue teniendo vida propia, independientemente de lo que decida hacer con el, mi aparato digestivo tiene sus orgías montadas a mis espaldas...bueno...dentro mio.
Hay ruidos, movimientos, hinchazones y cosas raras pero yo, he decidido ignorar a mi abdomen y mirarlo poco y sólo de reojo...cuando paso delante del espejo.
Pero mis intenciones no sirven de nada, por más que no lo mire, mi abdomen actúa como si tuviera dentro a un grupo latinoamericano compuesto de 5 integrantes...4 de ellos...usando...instrumentos de viento.
Si estuviera embarazada (que NO) entendería todos estos movimientos, además en lugar de llamarlo aires o más popularmente..."gases" podría ponerle nombres como Lola, Lulú, Juan y así, sentiría que como mínimo, tenemos una relación un poco más personalizada.
Pero los gases de donde vienen...de mi respiración? Si no he comido en días...sólo estoy a base de agua y jugos varios...el agua provocará gases?
El famoso H20 o sea el agua, está compuesta de dos átomos del hidrógeno y de un átomo de oxígeno. El oxígeno me produce gases?. O sea, no debería tomar agua?
O tal vez debería tener la boca cerrada, así no me entra nada que mi estómago registre como "material para gasificar...vamos transformarlo en gas".
Pero bueno, yo tenía hambre así que yo pensé...de perdidos al río y me fui a hacer la compra.
Cual embarazada (NO LO ESTOY) cuando bajé al mercado y olí a carnes se me revolvieron las tripas. No me apetecía ni carne de vaca, ni de pollo, ni siquiera pescado.
Sólo quería verduras. Pero no cualquiera, tampoco me apetecían mis deliciosas ensaladas...sólo quería patatas y zanahorias. Y frutas? Pues sí...manzanas.
Digamos que no he hecho mi compra habitual, he comprado lo que mi estómago deseaba.
Caminando hacia el mercado cometí el primer desfase gástrico de la semana (bueno el segundo) y me fui a desayunar mi café con leche, mi barrita con aceite y tomate.
Me sentó bien, pero mis tripas enloquecieron.
Luego, llegué a la verdulería, compré mis cosas y mi cuerpo me decía...venga...vámonos para casa ya. Y le hice caso.
Llegué, subí varios pisos porque no hay ascensor y una vez en la puerta de mi casa, dejo las bolsas en el suelo, busco las llaves y....nada.
No estaban. Reviso un bolsillo. Nada. Reviso los otros 5 y nada. Miro en las bolsas de la verdura por si se me habían caído dentro...nada.
Y me senté en la escalera a pensar. En ese instante, mi intestino me recordó que había tomado un café con leche, con barrita y claro...el no quería mantener nada dentro de sí mismo. Y mucho menos algo que no esperaba.
La situación comenzaba a ser preocupante. Estaba desorientada, dormida, cansada y a punto de recordar los momentos cuando era bebé y usaba pañales y no tenía que preocuparme por buscar un lavabo de urgencias porque para eso estaba mi pañal.
Pero claro, yo NO tengo edad para eso.
Entonces pensé...mi vecina tiene una copia de mis llaves, bajé, toqué el timbre y nada. La vecina no estaba. Pero supuse que respirar profundamente relajaría a mi aparato digestivo que tendría aire para entretenerse un rato.
De esta manera, no invitaría a mi intestino a ponerse en funcionamiento, al menos no hasta que yo no abriera la puerta de mi casa.
Dije bueno-bueno...ante todo calma.
Volví a sentarme en la escalera y pensé...que hice yo? Y dije nada, desayuno y mercado. Y me dije venga anda, baja y a desandar el camino hecho.
Con el cuerpo jota que yo tenía estaba con ganas de caminar lo mismo que ya había caminado grrrrrr pero no me quedaba más remedio.
Llegué al bar, entré y pregunté: "...me he dejado.....?". Y me contestaron "...ay donde tendrás la cabeza?. Y yo pensé...pues donde tengo el aparato digestivo...!
Volví a casa, subí las escaleras, cogí mis bolsas de verdura, abrí la puerta, y me relajé.
Recordé lo que me decía mi abuela "el repollo es bueno para las malas digestiones" y me herví patata, zanahorias y repollo.
Esa fue mi comida...con un poquito de aceite de oliva y voilá!.
Luego de comer y al parecer dejar extenuado a mi estómago por tanta recepción de visitantes, me quedé dormida.
Pero el siguió a lo suyo...ajeno a mi descanso corporal.
Y para darle un toque culto a este post citaré a Dante Alighieri que en su Divina Comedia en la última línea del capítulo 21 del "Infierno" dijo:
Ed elli avea del cul fatto trombetta ("y él había, del culo, hecho trompeta").
Nada glamouroso...lo sé, pero la cita...es cultura!







